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"Mi hijo no quiere comer" - Lucy Rebmann
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“Mi hijo no quiere comer”

He aquí el terror de muchos padres!!!

Bienvenidos a un post más de la serie “ser mamá” en dónde te cuento mis anécdotas más preciadas en mi aventura personal de ser madre.

A ver, dime algo… ¿Qué es lo que tu hijo no come? ¿te has dado a la tarea de ver detenidamente cuándo y qué es lo que come? ¿Es verdad eso que dicen por ahí que si el niño no come sufrirá de todos los males y deficiencias habidas y por haber?

¿Hay de verdad que obligar al pobre niño a comer o a comerselo todo y dejar el plato limpio y sin grumos?

Pero… y… ¿Porqué?

A ver, analicemonos primero a nosotros mismos, revisemos un poco nuestros recuerdos. Tu como adulto que estás leyendo esto ahora mismo. ¿Te gusta la Berenjena? Si te la preparan en una sopa o cocido y no te gusta, y sabes que eso que está justo ahí frente a tí te dá asco, ¿qué harás si debes comertela? Digo… Si estás en casa de tu suegra y te obliga a comerte aquella cosa tan asquerosa, ¿Qué te pasará al meterte un trozo de aquello en la boca? Es que te veo hasta por un agujero en este instante viendo la cara de asco que pones y que estás a punto de salir corriendo al baño a vomitar. Ahora que ya sabes lo que se siente, ¿Porqué obligar al niño a comer lo que no le gusta? ¿Qué clase de ejemplo o  nivel pedagógico o enseñanza le estás prestando a tu hijo con eso? ¿Que cuando sea grande no le guste la berenjena como a tí por recuerdos asquerosos?

Yo por ejemplo amo la berenjena, pero no en una sopa, porque me parece asqueroso meterme esa cosa babosa en la boca.  Cuando estaba pequeña solo había berenjenas en sopa y nunca aprendí que seguro que despues de grande me gustaría, así que me quedó el recuerdo malo de aquello y de mí, mis hijos jamás recibirán una sopa que contenga berenjena, porque solo imaginarlo me dá algo.

¿Te parece que estuvo bien, que me obligaran de niña a comer aquello?

Pues, definitivamente, no.

Amo la berenjena, de las mil y una forma, pero que ni se le ocurra a alguien ponermela en una sopa porque wuaaaaaarrrkkkkkk!!!!!!!!!!!!

Aprendí que el sentido del gusto cambia en una persona con el transcurso de los años (por lo menos el mío lo hizo) y cosas que no me gustaban como el pepino, ahora que me lo dén así no más, que yo con una pizca de sal y unas gotas de aceite de oliva lo transformo en una delicia… pero eso es ahora, porque de niña el aceite de oliva no lo podía ni oler.  Creo esto es un ejemplo muy personal, pero justo por ahí debemos comezar a buscar soluciones… en nosotros mismos!

Ahora que nos hemos analizado un poco y hemos revuelto un poco en los recuerdos de niño… Transmutemos aquello al cerebro de tu hijo.

Hay que aprender a usar el sentido común para con los hijos.

No todo lo que dice en la esquina es verdad. Hay que aprender a informarse, pero sobre todo a usar la lógica.

Si el niño llora es porque tiene dolor, está enfermo o tiene hambre o sueño si es un bebé y si ya está grandesito y no quiere comer, ya le dará hambre, el cuerpo tiene sus propios metodos de protección y no está en la capacidad de matarse sólo de hambre (No lo digo yo, está comprobado cientificamente)… así que seguramente está o pasando por una fase de “llamar la atención” de papi y mami (ignorarlo es la solución) o de verdad no tiene hambre (dejarlo en paz, ya le dará hambre y lo pedirá).… pero obligarlo a comer es la peor de las soluciones cuando se trata de educación… es lo mismo que criarlo a golpes y gritos cuando no obedecen (eso no sirve para nada, solo a que el niño aprenda lo que es agresividad).

Mi hijo por ejemplo es medio vegetariano, no quiere probar bocado de carnes, pero muchas otras cosas tampoco… jamás he tratado de obligarlo a comer, nada… el cuerpo se proteje solo, si pasa hambre querrá comer y conseguir la energía necesaria para trabajar o hacer lo que sea, de donde sea y ¿qué es lo que le provoca comer? pues, nueces, arroz, muslis, yogures, o a veces simplemente pan con mantequilla o mortadela sola, sin nada más… ¿y sabén qué? está bien, el se busca solo sus niveles de proteinas con las nueces, mortadela, yogures y hasta con la mantequilla, los carbohidratos de los panes, etc. y como a todo niño, le encanta el chocolate y casi todos los dulces, pero por otro lado ama las frutas… y come más frutas que dulces, estoy segura que come más fruta que cualquier otro niño. No come tres veces al día, sino unas cinco o seis veces pero siempre en pequeñas cantidades y a mi me parece que está bien la forma como el mismo se distribuye lo que quiere comer repartido por todo el día, se lleva hasta una merienda a la escuela y se la come toda. Ahora que comenzó en el primer grado y tiene otros horarios y aprende toda la mañana, llega con un hambre atroz a casa, que aprovecho para meterle de todo, no se lo come todo, pero siempre escoje aquello que más le agrada y sobre todo lo que le apetece y me parece bien, yo lo dejo en paz. Pero, si no lo dejo que coma dulces todo el día, ni todos los días, por ejemplo, eso si no está bien.

Mi hija por otro lado no es muy de ensaladas, pero poco a poco va probando, yo simplemente le he dicho que cada vez  que por lo menos la pruebe, que ya con el tiempo le irá gustando y efectivamente ya se come el tomate y el pepino, ahí va lento pero seguro y no pienso obligarla, porque a pesar de ser tan importante para nuestro organismo el consumir fibras, ella que no es de muy ensaladas,  ama el broccolli, las zanahorias cocidas y los guisantes por ejemplo, ¿a cuantos niños les gusta el broccolli y los guisantes?,  no a muchos que yo sepa, pero a ella le encanta… pues qué hago yo?… pues nada… no me rompo la cabeza con lo que a los niños no les gusta, si no que me concentro en lo que les gusta y le doy broccolli, sus guisantes y sus zanahorias cocidas  y otras legumbres y verduras que si les gusta y lo que “no les gusta” y ya está servido en la mesa, les digo de  vez en cuando que lo prueben, solo un trocito y así sin obligarlos le van tomando el gusto…. hay que tener paciencia y funciona de verdad!!!! ahora le gusta el aceite de oliva y sus bocadillos para la merienda del liceo son mas saludables que en la primaria, en lugar de quesos crema o mantequillas, margarinas, etc. llevan aceite de oliva, tomate, pepinos en pan de granos varios. La comida de la cantina no le gusta para nada, porque la de mamá sabe mucho mejor ¿No es hermosa mi hija? ♥

Los bocadillos de mi hijo tambien han cambiado enormemente, en el prescolar, solo llevaba fruta o se comía un simple panecillo (sin nada porque no le gustaba) o simplemente mortadela, no le gustaba que se los pusiera juntos, ahora lleva un bocadillo de panecillo con jamón y queso, o sólo de jamón sin queso que es más saludable que la mortadela y algunas rebanadas de manzana, por ejemplo. Antes no le gustaba ni el queso, ni el jamón, ahora sí.  A mi hija tenía que hacerle formitas a sus bocadillos para que se los comiera, corazoncitos, caritas, flores, hello kittis y paro de contar,  pero a mi hijo… que ni se me ocurra hacer semejante locura (mamá, por Dios), el dice  que ya es mayor y que ya puede probar comer otras cosas (claro, vé lo que traen sus compañeros de clases y él no se quedará con un simple pan) 😉

Nigún niño es igual al otro, ni bajo el mismo techo, ni del mismo padre y madre, siempre habrán cosas en las que se diferencian enormemente… Pero el sentido del gusto CAMBIA EN TODOS (hasta en los hijos que son más dificiles a la hora de comer) SIEMPRE!!! Y esta es la única razón por la que no obligo mis hijos a comer. Tener paciencia con ellos es la única clave del asunto!

¿Y qué creen? ahora se me aparecen (ambos) en la cocina cuando tengo cebollas y pimientos en una sarten con aceite de oliva, dicen que huele a gloria… y es que, es verdad 😉

Lucy Rebmann

Stuttgart - Germany

20 Comments

  • Hola Lucy, muy buen tema el que tocas y me gusta el enfoque de dejar que cada niño avance pero a su ritmo. Proponerles alimentos nuevos es fundamental, pero también los mismos alimentos cocinados o presentados de formas diferentes es un modo de acercarles a esos alimentos que a veces rechazan porque no les gusta.
    Recuerdo que Hugo decía que no le gustaba el puerro, pero claro! lo había tomado cocido sin más, y encima sin sal. En cambio en unas lentejas, en un consomé o en una crema, sí le gusta.
    Cambiar, como la fotografía el enfoque no lleva a una imagen diferente, en este caso, del alimento.
    Un besazo!

    9 noviembre, 2015 at 14:44
  • Bon dia Lucy,

    Pero si tienes más razón que una santa, Es así debemos ser más empáticos y ponernos en su lugar. Yo con Pol lo he ido haciendo poco a poco y cuidando de variar las formas de cocinarlo como indica Yolanda y como de todo, El primer día que le pones algo nuevo “rarito” lo prueba y dice egggg no me gusta, pero al siguiente día, ya se come un trocito más y así hasta que lo incorpora a su diccionario de sabores y su cerebro lo acepta. Dicen que comer de todo y probar nuevos sabores enriquece el cerebro y se hacen niños más “inteligentes” y abiertos a los cambios. ¡Espero que así sea! vivimos en un mundo en continuo cambio.

    Un Beso preciosa!

    14 enero, 2016 at 10:55
  • Cuánta razón tienes Lucy. Yo recuerdo cómo mi madre me obligaba a comer muchas cosas. Por suerte yo no le hago ascos a casi nada y ahora me gusta casi todo, pero recuerdo cómo insistia la mujer… Yo pienso exactamente como tú. También pienso que los niños comerán como ven a sus padres comer. Si en su casa se come fruta, verdura y de todo, el niño lo más probable es que lo haga también o al menos, lo probará. Ían ya come papillas de frutas y ya he comprobado que el plátano no le gusta. Lo probé 3 días y me dejó claro que no, pues ya no le doy más. Ya le gustará, ya. Me ha gustado mucho tu post. Un besazo!

    14 enero, 2016 at 12:11
  • Yo la verdad que al no tener hijos no puedo opinar y decir que debéis hacer las madres… porque cada niño es un mundo y la educación que cada uno recibe es distinta.
    Pero creo que cuándo ven comer de todo a sus padres y están familiarizados con esa comida desde pequeños, ellos la van a comer, aunque seguramente también habrá alguna cosilla que no les guste ( es normal).
    AHHH!!! Me olvidaba… Me encanta la berenjena!!! jajajja
    Un besito guapa!

    15 enero, 2016 at 12:56
  • Jajaja, me hiciste acordarme de algunas experiencias un poco “traumáticas” con ciertos alimentos ya que mi madre insistía en que teníamos que comernos TODO o si no nos podíamos levantar de la mesa, así que hay veces que pasábamos horas, si HORAS yo y mis hermanos en la mesa sufriendo con esa sopa de verduras en frente! terrible!
    Bueno es verdad que ahora soy muy poco mañosa y me gusta casi todo, no se si tiene que ver con eso. Lo que si se es que mis padres les encantaban los mariscos por ejemplo, y nosotros solitos quisimos comenzar a probarlos y desde pequeños aprendimos a comerlos (sin ninguna obligación) y ahora nos encantan!
    Yo no tengo hijos, pero creo que tienes un buen punto, yo creo que es muy bueno invitarlos o incentivarlos a que prueben cosas nuevas y diferentes y así que le vayan tomando de a poco el gusto.
    También está el otro extremo, he visto que hay padres que por no “obligar (o incentivar)” a los hijos a comer de todo crean unos niños malcriados que solo quieren ciertas cosas y ya está, los padres los consienten para no tener que pelear con ellos, y al final les están haciendo un daño tremendo para su futuro..
    Bueno creo que al final lo mejor es como dices tu que ellos se sientan libres de explorar lo que les gusta, y que uno sirva como guía en ese proceso 🙂

    Y yo que pensaba que no tenía nada que opinar de tu post (cuando leí el título) y al final termine escribiendo un mensaje gigante! jajaja

    15 enero, 2016 at 13:18
  • Cuando estaba en el kinder garden( guardería) Nos daban membrillo de postre. Siempre me quedaba la última porque no me gustaba nada, me daban ganas de vomitar. Disimuladamente lo tirábamos debajo de la mesa. Jamás en la vida he vuelto a tomar membrillo, lo aborrezco. Tambien me acuerdo que la merienda era una botella de leche a palo seco, sin azúcar ni nada…. Ayssssh!!! Me ha quedado grabado en mi interior. ¡Es increíble como marca en la vida este tipo de cosas.!. Muy interesante tu articulo lucy.

    15 enero, 2016 at 23:22
  • Me ha gustado mucho el artículo y estoy contigo con lo de que el gusto cambia. Yo no tengo niños pero lo noto en mí, y lo que también me he dado cuenta es de que un producto se puede cocinar de tantas formas que seguro que de alguna te puede gustar, jeje

    16 enero, 2016 at 20:26
  • Lucy genial el post. Mi hijo de bebé comía de todo, remolacha, brocoli, repollitos de Bruselas, de todo. Yo le puse mucho empeño en que probara de todo aunque sea en puré y de más grande en otras preparaciones. Cerca de cumplir los dos años mágicamente dejo de comer todo eso, ahora su plato favorito son los fideos con crema, no come verduras salvo que se las disfrace para que no sé de cuenta. La carne y el pollo la mastica un rato largo pero no la traga. Frutas come poco. Lácteos solo algún queso, leche prácticamente nada. Me dijo el pediatra que era normal que tenga paciencia y que le haga un plato y que si no quiere que no coma pero que no le de aternativas porque si no solo va a comer lo que le gusta. Yo le trató de meter nutrientes como puedo haciendo de coma cosas que le gusten pero que tenga alimento. Trato de manejar la situación de la mejor manera pero a veces se me hace medio difícil. La consigna es que pruebe antes de decir que algo no le gusta. No es lo mismo si realmente algo no le gusta que si es capricho, y eso sí si no hay comida no hay golosinas, ni galletitas, ni nada de eso.

    17 enero, 2016 at 4:31
  • Pensé que ya te había comentado antes en esta entrada, pero no lo veo publicado… En fin.
    Yo recuerdo como sufría hasta las lágrimas cuando mi mamá cocinaba habas y tenía que comerlas. Mucho tiempo no las podía ni ver en el estante de la tienda, hasta que un día mi esposo las compró preparadas y olía tan rico que me anime a probarlas y…. si, si me gustaron!! jajaja
    Así que comparto contigo que es mejor presentar los alimentos y que los niños vean que tú te los comes, que forzarlos a comer la comida porque “es saludable”.
    Un abrazo!

    17 enero, 2016 at 20:57
  • Cada niño es un mundo Lucy, eso está claro… y supongo que resultará complicadísimo educarlos en la comida y sobre todo educarlos como a nosotros nos gustaría :S Creo que desde bien pequeños habría que introducirlos en los sabores, cuantos más mejor, y que sean ellos con el tiempo y los años los que vayan eligiendo qué les gusta comer y qué no, porque no a todos nos gusta lo mismo. Así que pienso que es cuestión de paciencia y dejarlos que elijan 🙂 Un besote!

    17 enero, 2016 at 22:19

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